sábado, 1 de marzo de 2014

El monopolio, la pasión del gobierno


Cuando salimos a comprar los productos básicos y cotidianos  para comer, vemos en las góndolas unas pocas marcas que abarcan un porcentaje elevado de la producción y de llegada a cada hogar. Si hablamos de aceites, pan, leche, carnes, frutas, verduras etc., las grandes marcas son poseedoras  de un 80% de presencia en cada mesa. Con el correr de las décadas esa concentración no se detuvo con ningún gobierno de turno, por el contrario, cada uno de ellos trabajó y trabaja para adecuar el Estado a esos caprichos del sistema capitalista.
El proceso de concentración económica y de centralización de capitales no es producto de la voluntad de hombres o grupos, es un proceso inherente al sistema capitalista, la competencia por ganar el mercado es uno de los aspectos más notables de este proceso. Lo que sí es voluntad de los hombres y grupos es el sostener el sistema capitalista, el causante de esa feroz concentración económica.
Hasta un niño de edad escolar escucha de la palabra de la presidente que la “culpa es de los monopolios”, eso es muy cierto, aprobamos esa definición, pero…si el tema es tan claro ¿Por qué no se ataca la causa de por ejemplo los aumentos de precios? ¿Por qué no se enfrenta al monopolio?
Si entre La Serenísima y Sancor por ejemplo, producen y comercializan el 80%  de lácteos y los mismos aumentaron en pocos días porcentajes inauditos para el sentido común de todo el pueblo, ¿por qué no se atacó de lleno y con todo el peso del Estado a esos monopolios? Sra. Presidente usted, el gobierno que preside y el Estado que los ampara están llamados a sostener el sistema capitalista que protege en todas las circunstancias las políticas criminales de los monopolios.  Sus discursos hipócritas en “contra del monopolio” no hacen más que irritar el sentimiento popular y eso se lo “agradecemos” de sobre manera.
Usted y su oposición dentro del sistema tuvieron que hablar del Monopolio a millones, ustedes están sintiendo el aliento en la nuca y sienten que su pertenencia a esa minoría bien concentrada, que sigue nadando en la abundancia de negocios, está siendo cuestionada como nunca antes en nuestra historia, hoy cualquier hijo de vecino entiende, porque lo vive, de cómo estos gobiernos facilitan las políticas más concentradas comenzando a identificar al gobierno, al Estado y a los monopolios como armas letales de dominación contra el pueblo.  
Así como el sistema capitalista tiene voluntades para sostenerse en el tiempo, tiene Estado, tiene partidos políticos, también las grandes mayorías sufrientes del sistema comenzamos a tener voluntad de cambio de sistema, voluntad de lucha ya no sólo por conquistas económicas dentro del propio sistema vigente, sino aparece con mucha intensidad la necesidad de cambio revolucionario de sistema que imponga el respeto y la dignidad como bandera antagónica al negocio y el mercado que aplasta el futuro de la sociedad.

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